Literatura Española del Siglo XVII

TEXTOS PARA UN COMENTARIO DE GÓNGORA

3.8.2.- Textos clásicos

 

HORACIO (65 a.C.-8 a.C)
ODA XI: (A Leucónoe)
Tu ne quaesieris, scire nefas, quem mihi, quem tibi
finem di dederint, Leuconoe, nec Babylonios
temptaris numeros. Ut melius, quidquid erit, pati,
seu pluris hiemes seu tribuit Iuppiter ultimam,
quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare
Tyrrenum: sapias, vina liques, et spatio brevi
spem longam reseces. Dum loquimur, fugerit invida
aetas: carpe diem, quam minimum credula postero.

No te hace falta —eres joven—
ni te está permitido —es sacrilegio—
explorar la frontera en que los dioses
detendrán, Leucónoe, tus días y los míos;
no consultes los cálculos babilonios.
Cuánto mejor afrontar lo que suceda,
ya si Júpiter te concedió muchos inviernos,
o sólo éste, en que el férvido Tirreno
desgasta la escollera.
Sé sabia, saborea los vinos
y ajusta tu esperanza desmedida
a la copa de la vida, que es pequeña.
M ientras hablamos, la edad huye celosa.
Goza el día, sin confiar lo más mínimo en el último.

CATULO (87 a.C.-54 a.C)
Viuamus, mea Lesbia, atque amemus,
rumoresque senum seueriorum
omnes unius aestimemus assis.
Soles occidere et redire possunt:
nobis, cum semel occidit breuis lux,
nox est perpetua una dormienda.
Da mi basia mille, deinde centum,
dein mille altera, dein secunda centum,
deinde usque altera mille, deinde centum.

Dein, cum milia multa fecerimus,
conturbabimus illa, ne sciamus,
aut nequis malus inuidere possit,
cum tantum sciat esse basiorum.

Vivamos, Lesbia mía y amemos, hagamos caso omiso a todos los rumores de los severos ancianos. Los astros pueden ocultarse y reaparecer: nosotros, tan pronto como se apague la breve llama, tendremos que dormir en noche perpetua. Dame mil besos y después cien, otros mil luego, luego otros cien. Empieza de nuevo hasta llegar a otros mil y a otros cien. Después, cuando acumulemos muchos miles, los revolveremos todos para perder la cuenta o para que ningún malvado envidioso pueda embrujarnos cuando sepa que nos hemos dado tantos besos.

AUSONIO (310-395)

De rosis nascentibus

conquerimur, Natura, brevis quod gratia florum:
ostentata oculis ilico dona rapis.
quam longa una dies, aetas tam longa rosarum,
quas pubescentes iuncta senecta premit.
quam modo nascentem rutilus conspexit Eoos,
hanc rediens sero vespere vidit anum. [...]
collige, virgo, rosas dum flos novus et nova pubes,
et memor esto aevum sic properare tuum.

 

Lamentamos, Naturaleza, que sea tan breve el regalo de las flores:
Les arrebatas rápidamente las gracias mostradas a los ojos.
Tan larga como un solo día es la edad de las rosas,
tan pronto llegan a su plenitud, las oprime su propia vejez.
A la que el lucero brillante vio nacer,
a ésa al regresar por la tarde la vio anciana. [...]
Recoge, doncella, las rosas mientras la flor está lozana y la juventud fresca,
y acuérdate de que así se apresura también tu edad.


Fue traducido por Herrera (en su comentario al soneto XXIII de Garcilaso) en la segunda mitad del siglo XVI:


"Cuan largo el día, es tan larga [la] suerte
de las rosas,
que junto en un momento
su juventud en senectud convierte./.../
Coged las rosas vos, que vais perdiendo,
mientras la flor y edad, señora, es nueva;
y acordaos que va desfalleciendo
vuestro tiempo,
y que nunca se renueva"

(Obras de Garcilaso de la Vega con anotaciones de Fernando de Herrera. CSIC, 1973)